Llevo meses sin hablar de crisis ya que estoy convencida de que cuanto más hablamos de un tema, más lo reforzamos, pues ponemos nuestro foco en ello y le dotamos de mayor fuerza.
Sin embargo, también sé, y mi experiencia avala esta certeza, que es nuestra actitud ante cualquier problema, la que determina al menos el ochenta por ciento del resultado que obtenemos. Por tanto, nuestra actitud ante la crisis va a determinar, en gran medida, cómo y cuándo saldremos de ella. Y es por ello, que he decidido hacer algunos comentarios al respecto no de la crisis en sí, sino de las estrategias más adecuadas para abordarla.
Cuando me encuentro con empresas que, lejos de plantar cara a la crisis y de ser proactivas, se esconden o aprovechan para justificar acciones, decisiones, despidos, malos resultados, etc., sé que su reactividad es un freno que puede limitar enormemente sus posibilidades de éxito y dar al traste, al menos temporalmente, con los sueños y la seguridad de muchas personas.
Si bien en toda crisis hay quien muere, también los hay que salen fortalecidos, vacunados para superar las adversidades.
Es por ello, que quiero plantear la necesidad de que cada empresario analice su situación, valore sus opciones, comunique adecuadamente a sus empleados y acometa medidas claras, trazadas conforme a un plan de acción, en cuya definición, el coaching como herramienta de gestión del cambio, puede suponer una clara ventaja competitiva.
Si las empresas que están viendo mermados sus beneficios, vuelven la cara a la crisis y, como si nada ocurriera a su alrededor, siguen haciendo lo mismo de siempre, seguirán cosechando los mismos resultados, esto es, seguirán viendo como sus beneficios disminuyen.
· Para empezar, como primera medida es importante que desde el equipo directivo se constituya un Comité de Crisis. Aconsejo que la composición de este Comité sea lo más heterogénea posible. De modo que lo integren colaboradores de diferentes áreas y niveles de la organización, junto a posibles partenaires y proveedores.
La función principal del Comité de Crisis es reflexionar sobre los diferentes escenarios que se le plantean a la empresa, sobre hacia dónde se dirige ésta, y sobre las medidas a abordar en función de cada escenario y desde todos los puntos de vista posibles. Esto es, medidas estratégicas, financieras, comerciales, de gestión de personas, de marketing, etc. Dichas medidas, diferirán en función de la duración e intensidad de la crisis en cada momento, y el Comité debe de elaborar respuestas adaptadas a cada situación.
· El siguiente paso, es elaborar un Plan de Crisis a partir del trabajo realizado por el Comité. La elaboración de un plan para hacer frente a la crisis es decisiva para incrementar la moral del conjunto de personas que forman la empresa. Ante una situación como la actual, es previsible que el miedo se apoderé de muchas personas. Miedo a perder sus empleos, a ver amenazada su calidad de vida, a no encontrar un trabajo adecuado. El problema del miedo, es que nos coloca en una actitud bien defensiva, bien agresiva, que anula totalmente la creatividad de nuestros colaboradores y les hace “cumplir” desde el individualismo y la competitividad para conservar su puesto de trabajo, y no para generar valora añadido al conjunto. Y es precisamente de ahí, de donde debemos salir cuanto antes.
Tener un Plan de Crisis genera confianza en nuestros colaboradores, nos coloca en un lugar diferente, desde el cual lanzamos un mensaje positivo. Nos presentamos como una empresa madura, que enfrenta los problemas de forma proactiva, sin esconderse ni justificarse.
Sin un plan de crisis, la cultura del miedo se instalará entre nuestros colaboradores y perderemos la posibilidad de que imaginen y creen un futuro mejor.
· Y como tercera medida, una vez trazado nuestro Plan, tenemos la oportunidad de presentar a nuestros colaboradores nuestro Plan de Comunicación frente a la Crisis.
Un líder debe ser capaz de absorber la Incertidumbre del equipo. Cuando nuestros colaboradores están perdidos y no saben hacia dónde se dirige la empresa, todos se vuelven hacia el líder habitual. En este caso, el líder debe ser la persona que asume la responsabilidad y la incertidumbre de tomar una decisión, optar por una estrategia, comunicarla al resto y llevarla a efecto hasta conseguir el objetivo. El líder debe ser capaz de alimentar, de dar respuesta y seguridad a las necesidades del equipo.
El Plan de Comunicación debe de servirnos para hacer saber a nuestros colaboradores que tenemos brújula, qué sabemos dónde está el Norte y cómo llegar a él. Y ello, con independencia de las circunstancias y de los obstáculos que encontremos en el camino. Es nuestra obligación, mostrar a nuestros equipos confianza y seguridad en nosotros mismos y en nuestras decisiones, para llevarlas adelante.
Debemos de tener en cuenta, que contamos con una ventaja adicional para generar cambios que aporten mayor valor a la empresa y a la sociedad en general. El entorno de crisis, facilita a las empresas introducir cambios generadores de valor, que en época de vacas gordas, nos sería mucho más difícil implantar. En época de bonanza, todos nos acogemos al dicho de “si algo funciona, ¿para qué cambiarlo?”. En nuestra zona de confort vivimos muy cómodos ¿para qué aventurarnos en el terreno desconocido de la oportunidad?
Pero para conquistar ese terreno y salir fortalecidos, debemos dejar de ser gestores para pasar a ser líderes, debemos pasar de hacer el camino a crear el camino.